lunes, 14 de mayo de 2012

6.4 Teoría poética de Quevedo: el conceptismo


 Durante el siglo XVII, la expresión literaria fue dominada por los movimientos estéticos del conceptismo y del culteranismo, expresado el primero en la poesía de Francisco de Quevedo y el segundo en la lírica de Luis de Góngora. El conceptismo se distinguía por la economía en la forma, a fin de expresar el máximo significado en un mínimo de palabras; esta complejidad se expresaba sobre todo en paradojas y elipsis. (Buscado en wiki)
El conceptismo es una corriente de la literatura del Barroco que se basa en la asociación ingeniosa entre palabras e ideas. Su máximo teórico contemporáneo, Baltasar Gracián, en la Agudeza y arte de ingenio, define el «concepto» como: ``Un acto de entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos´´
El conceptismo se caracteriza por la concisión de la expresión y la intensidad semántica de las palabras, que se cargan de significados, adoptando varios sentidos. De este modo se crea frecuentemente el lenguaje polisémico. El conceptismo opera con los significados de las palabras y con las relaciones ingeniosas entre ellas. Por todo lo dicho, los recursos formales más usuales son la elipsis, el zeugma,la anfibología y polisemiaantítesisequívocoparadoja o la paronomasia. El estilo conceptista se hace lacónico y sentencioso.
Al igual que el culteranismo o gongorismo, el conceptismo, en la línea de toda la estética manierista y barroca, propone como valor estético la dificultad del lenguaje literario, que busca singularizarse y refinarse cortesanamente, frente a la llaneza de la lengua del Renacimiento, sentida como vulgarizante; así lo señala Gracián con las siguientes palabras:
``La verdad, cuanto más dificultosa, es más agradable, y el conocimiento que cuesta es más estimado´´.
La estética conceptista tiene su origen remoto en la poesía cortesana del siglo XV: tanto el uso de la glosa, como el desarrollo de la literatura emblemática y didáctica, obligada a utilizar frases breves y conceptuosas, impulsaron la evolución de la poesía hacia fórmulas conceptistas.
Esta corriente estética fue iniciada y bautizada por Alonso de Ledesma Buitrago (1562-1623) con sus celebérrimos Conceptos espirituales (tres partes, 1600, 1608 y 1612), donde se desarrollan varios puntos de doctrina cristiana de forma alegórica, pero el principal teorizador del conceptismo es el escritor jesuita Baltasar Gracián (1601-1658), en su Agudeza y arte de ingenio, que es un tratado teórico de poética conceptista.
Alonso de Ledesma Buitrago (1562-1623), segoviano, alumno de los jesuitas, de vida oscura y de gran cultura, pasa por ser el iniciador del conceptismo. Dos modernos críticos, Bonilla San Martín y Schevill, afirman –en su edición a las Poesías de Cervantes, Madrid, 1922– que el sacerdote y poeta conquense Miguel Toledano, autor de una Minerva sacra –Madrid, 1616–, «disputa a Alonso de Ledesma la palma del representante del conceptismo». [...] Alfonso de Bonilla, natural de Baeza, comparte con Ledesma la atribución de padres del conceptismo. En su Nuevo jardín de flores divinas –1612– y en sus Peregrinos pensamientos de misterios divinos –1614– lleva a un mayor atrevimiento que Ledesma. Bonilla se atreve a retorcer conceptuosamente la métrica no barroca que utilizaba: el villancico, el romance, la canción, el epigrama, y los retuerce con una fraseología dogmática, bíblica, litúrgica, lanzada en desconcertantes juegos de vocablos y comparaciones antitéticas, cuya lectura deja en perplejidad.
Pero si no el precursor ni el padre, el auténtico maestro del conceptismo fue Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645).
El conceptismo se caracteriza por la elipsis y la concentración de un máximo de significado en un mínimo de forma. Juega constantemente con las palabras y cada frase se convierte en un acertijo por obra de los más diversos mecanismos de la retórica.
Gracián define el concepto como: Un acto del entendimiento que expresa la correspondencia que se halla entre los objetos. (Baltasar Gracián: Agudeza y arte de ingenio).
El conceptismo da importancia al laconismo, que no significa claridad estilística y precisión. Hay frases lacónicas muy ingeniosas, pero que carecen de precisión y de claridad. El conceptismo busca la condensación expresiva, abusando a veces de la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las paradojas.
 El conceptismo surgió en la misma época con Francisco de Quevedo y Villegas, con la tendencia a una utilización de conceptos más profundos, alambicados y oscuridad en la prosa. Obras ejemplares: El buscón de Quevedo, Fábula de Polifemo y Galatea de Góngora y Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais.


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