Durante el
siglo XVII, la expresión literaria fue dominada por los movimientos estéticos
del conceptismo y del culteranismo, expresado el primero en la poesía de
Francisco de Quevedo y el segundo en la lírica de Luis de Góngora. El
conceptismo se distinguía por la economía en la forma, a fin de expresar el
máximo significado en un mínimo de palabras; esta complejidad se expresaba
sobre todo en paradojas y elipsis. (Buscado en wiki)
El conceptismo es una
corriente de la literatura del Barroco que se basa en la
asociación ingeniosa entre palabras e ideas. Su máximo teórico
contemporáneo, Baltasar Gracián, en la Agudeza y
arte de ingenio, define el «concepto» como: ``Un acto de entendimiento que expresa la correspondencia
que se halla entre los objetos´´
El conceptismo se caracteriza por la
concisión de la expresión y la intensidad semántica de las palabras, que se
cargan de significados, adoptando varios sentidos. De este modo se crea
frecuentemente el lenguaje polisémico. El conceptismo opera con los
significados de las palabras y con las relaciones ingeniosas entre ellas. Por
todo lo dicho, los recursos formales más usuales son la elipsis, el zeugma,la anfibología y polisemia, antítesis, equívoco, paradoja o la paronomasia. El estilo conceptista se hace lacónico y sentencioso.
Al igual que el culteranismo o gongorismo, el conceptismo, en la
línea de toda la estética manierista y barroca, propone como valor estético la
dificultad del lenguaje literario, que busca singularizarse y refinarse
cortesanamente, frente a la llaneza de la lengua del Renacimiento, sentida como vulgarizante; así lo señala
Gracián con las siguientes palabras:
``La verdad, cuanto más
dificultosa, es más agradable, y el conocimiento que cuesta es más estimado´´.
La estética
conceptista tiene su origen remoto en la poesía cortesana del siglo XV: tanto
el uso de la glosa, como el desarrollo de la literatura emblemática y didáctica,
obligada a utilizar frases breves y conceptuosas, impulsaron la evolución de la
poesía hacia fórmulas conceptistas.
Esta
corriente estética fue iniciada y bautizada por Alonso de Ledesma Buitrago
(1562-1623) con sus celebérrimos Conceptos espirituales (tres partes, 1600,
1608 y 1612), donde se desarrollan varios puntos de doctrina cristiana de forma
alegórica, pero el principal teorizador del conceptismo es el escritor jesuita
Baltasar Gracián (1601-1658), en su Agudeza y arte de ingenio, que es un tratado
teórico de poética conceptista.
Alonso de
Ledesma Buitrago (1562-1623), segoviano, alumno de los jesuitas, de vida oscura
y de gran cultura, pasa por ser el iniciador del conceptismo. Dos modernos
críticos, Bonilla San Martín y Schevill, afirman –en su edición a las Poesías
de Cervantes, Madrid, 1922– que el sacerdote y poeta conquense Miguel Toledano,
autor de una Minerva sacra –Madrid, 1616–, «disputa a Alonso de Ledesma la
palma del representante del conceptismo». [...] Alfonso de Bonilla, natural de
Baeza, comparte con Ledesma la atribución de padres del conceptismo. En su
Nuevo jardín de flores divinas –1612– y en sus Peregrinos pensamientos de
misterios divinos –1614– lleva a un mayor atrevimiento que Ledesma. Bonilla se
atreve a retorcer conceptuosamente la métrica no barroca que utilizaba: el villancico,
el romance, la canción, el epigrama, y los retuerce con una fraseología
dogmática, bíblica, litúrgica, lanzada en desconcertantes juegos de vocablos y
comparaciones antitéticas, cuya lectura deja en perplejidad.
Pero si no
el precursor ni el padre, el auténtico maestro del conceptismo fue Francisco de
Quevedo y Villegas (1580-1645).
El
conceptismo se caracteriza por la elipsis y la concentración de un máximo de
significado en un mínimo de forma. Juega constantemente con las palabras y cada
frase se convierte en un acertijo por obra de los más diversos mecanismos de la
retórica.
Gracián
define el concepto como: Un acto del entendimiento que expresa la
correspondencia que se halla entre los objetos. (Baltasar Gracián: Agudeza y
arte de ingenio).
El
conceptismo da importancia al laconismo, que no significa claridad estilística
y precisión. Hay frases lacónicas muy ingeniosas, pero que carecen de precisión
y de claridad. El conceptismo busca la condensación expresiva, abusando a veces
de la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las
paradojas.
El
conceptismo surgió en la misma época con Francisco de Quevedo y Villegas, con
la tendencia a una utilización de conceptos más profundos, alambicados y
oscuridad en la prosa. Obras ejemplares: El buscón de Quevedo, Fábula
de Polifemo y Galatea de Góngora y Gargantúa y Pantagruel de François
Rabelais.
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